

Cuando los sueños se van
Cuando fuimos jóvenes ¿Quién no mintió en una entrevista para quedarse con un puesto de trabajo? ¿Quién no dejo un sueño bajo la sombra de un árbol o sentado en una banqueta por ir detrás del dinero? Si… De eso que dicen “los demás que vale” sometiendo nuestras aspiraciones profesionales por nuestras aplastantes ambiciones materiales, ¿cómo obtener ese codiciado automóvil con el que (según nosotros) obtendríamos la admiración y el respeto de los demás, menos el respeto por nosotros mismos? Y cuando logramos lo que querían los demás y no lo que queríamos nosotros, nos metimos en la carrera de la rata como lo dice Robert Kiyosaki, persiguiendo la quimera en una enorme rueda que gira mientras nosotros seguimos en el mismo punto. ¿Acaso alguno de nosotros sabíamos un poco sobre el orden del Bien ser, bien estar, bien hacer, bien tener?Al menos yo… No y el tiempo transcurrió, pero ¿Qué es lo que estamos dispuestos a hacer hoy para que las nuevas generaciones no caigan en la misma trampa? Acaso tenemos el valor para manifestar el miedo que sentimos en una etapa de nuestra vida o tal vez peor aún al día de hoy de no amar lo que hacemos y decir como nuestro valiente Jorge Luis Borges dijo en su avanzada edad “He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz”. ¿Quién está dispuesto a orientar a un joven por su bienestar? ¿Quién prefiere compartir sus fracasos desde el corazón más que sus éxitos desde su ego para ofrecerles a los jóvenes una filosofía de vida más equilibrada? Tal vez si aceptamos nuestros errores y dejamos de juzgar a las generaciones venideras comencemos a construir juntos nuestros propios sueños en comunidad.
Consultor Carlos Federico García Copado



